Antes de diseñar el interceptor, queríamos saber qué estábamos tratando de atrapar realmente.
Así que hicimos una limpieza manual del río. Voluntarios, guantes, bolsas, un tramo de orilla. Clasificamos todo lo que recolectamos. Contamos las bolsas. Las pesamos. Las categorizamos.
Los resultados nos sorprendieron.
Entre el 85% y el 89% de la basura que recolectamos era no reciclable. Y la categoría más grande no eran botellas. No eran bolsas. No era telgopor.
Eran textiles. Ropa vieja, telas, trapos. Textiles empapados, llenos de sedimento, hundidos en el fondo de un arroyo en Asunción.
Eso cambia el problema de ingeniería por completo.
El plástico flota. Se queda en la superficie. Una barrera flotante lo atrapa. Ese es el modelo en el que están construidos los proyectos de limpieza de ríos más famosos.
Los textiles no se comportan así. La ropa empapada absorbe agua, se llena de arena, y se hunde. Se asienta en el lecho del río. Una barrera flotante atrapa cero por ciento.
Así que nuestro interceptor necesita un componente sumergido. No es opcional. Va incorporado desde el día uno.
Hay una historia más grande detrás de este hallazgo — sobre de dónde salió toda esa ropa, por qué la gente la está tirando al río, cómo es realmente el ciclo de consumo y descarte en este barrio. Todavía no tenemos respuestas completas. Pero "el río está lleno de ropa" no es el mismo problema que "el río está lleno de plástico", y la solución tampoco puede ser la misma.
Empezamos pensando que estábamos resolviendo un problema de plástico. Los datos nos dicen que es, al menos en parte, un problema de fast fashion.
Es una cosa útil de saber antes de empezar a soldar.
Próximo post: el diseño real del interceptor — tres etapas, sin motor, materiales reciclados donde se pueda.