Había dos decisiones de diseño grandes que tomar temprano.
Decisión 1: ¿Con motor o estático? Elegimos estático. Sin motor, sin propulsión, sin baterías. La corriente del río hace el trabajo.
¿Por qué? Confiabilidad, costo, mantenimiento, robo. Un motor es una cosa más que se rompe, requiere combustible, agota una batería, se roba o se inunda. The Ocean Cleanup demostró que se puede hacer pasivamente. Así que vamos pasivos.
Decisión 2: ¿Una barrera o varias? Varias. Tres, específicamente. Porque la basura es un espectro, no una categoría.
Acá va el escalonamiento:
Etapa 1 — Lo grande. Dos o tres columnas, ancladas atravesando el arroyo. Madera o metal reciclado. Atrapan troncos, muebles grandes (sí, la gente tira muebles al río), y cualquier escombro lo suficientemente grande como para romper las etapas más livianas que están aguas abajo. Requiere monitoreo frecuente — habrá que despejarlas seguido, sobre todo después de tormentas.
Etapa 2 — Los flotadores. Una línea de elementos flotantes con una barrera colgando debajo. Es el clásico enfoque de barrido superficial que pionereó The Ocean Cleanup. Atrapa botellas plásticas, bolsas, telgopor — todo lo que viaja en la superficie. El material del flotador todavía está por definirse. Tambores reutilizados o boyas son las opciones favoritas.
Etapa 3 — La red sumergida. Esta la sumamos por lo que encontramos en la limpieza manual (Post 3). Una red que cuelga bajo la superficie, atrapando los textiles pesados y los escombros empapados que de otro modo pasarían bajo los flotadores y terminarían en la bahía.
Tres etapas, escalando de grueso a fino. Como un colador de cocina, pero para un arroyo.
Lo que todavía no sabemos:
- El material exacto del flotador
- Exactamente cómo se sujeta y tensa la red sumergida entre las columnas
- Si el anclaje de las columnas va a sobrevivir a la temporada de inundaciones
- Con qué frecuencia hay que despejar cada etapa en la práctica
Para eso es el piloto.
Próximo post: el sitio del piloto. Por qué elegimos un arroyo de 2 metros de ancho.